Su andar la delataba.
Muy lejos canta cansada.
Con la vida jugueteaba.
El viento, su morada.
Se aleja de la ciudad.
En el mar siempre quería estar.
Tanto miedo a la soledad.
No quiere llorar.
Su andar la delató.
Escondía el secreto del mar.
No escapó, al abismo saltó.
Lo amó sin hablar.
Y así nació, y también murió.
La condena de su andar.
Nadie sobrevivió.
Quiso amar, al mar.
Florencia Cristini.
miércoles, 23 de junio de 2010
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